Una novela sobrenatural de 1863
Durante el siglo XIX, una corriente que afectó a todos los ámbitos se instauró con fuerza en las artes, inspirándonos incluso hoy en día. El Romanticismo, en contraposición al Neoclasicismo, cobró relevancia, defendiendo una libertad en la forma y en el fondo que hasta entonces no se había dado. Se impusieron otros temas, como lo exótico, lo fantástico y lo pasional. Tenemos claros exponentes de todo ello en todos los ámbitos artísticos, desde la música o la pintura, hasta la literatura, que nos siguen cautivando.
En España ese sentimiento llegó quizá más tarde que en el resto de Europa, y su presencia fue corta, pero intensa. En la literatura, hubo grandes ejemplos en teatro y en poesía. Sin embargo, en prosa la producción española fue más bien escasa.
Hoy comparto con vosotros esta novela sobrenatural de 1863, se titula «Crimen, Venganza y expiación«.
El autor es José Mª. Martínez Íñiguez:
La novela está ilustrada con unas magníficas láminas a tinta:
Os copio la introducción (notación original):
«Hace algunas horas que ha oscurecido.
La humanidad duerme.
Por ninguna parte se percibe el mas lijero rumor.
Las hojas de los árboles permanencen inmóviles.
Porque los vientos, despues de haber establecido el equilibrio atmosférico, duermen tambien.
Diriase que todos los silencios de la noche, dispersados de acuerdo por la superficie del globo, han querido proteger, con su adormecedor aliento, el reposo de la creación.
Reposo que estremece, que hiela, que espanta mas cuanto mas se prolonga.
Porque esta calma lúgubre, esta inmovilidad de la naturaleza, hace pensar si la tierra habrá sido convertida de pronto en un astro muerto.
En el cielo no se percibe ni una sola estrella.
Y sin embargo, espléndida y siniestra claridad ha iluminado súbitamente el espacio.
¿De dónde viene esta luz, muy parecida á la azulada y cárdena de un torrente eléctrico?
Del cielo no, porque un manto inmenso de negras nubes se halla estendido entre él y la tierra.
Del infierno sí. Satanás, irritado al contemplar desde el fondo del abismo el reposo de la humanidad, acaba de aparecer á caballo sobre una nube de fuego.
Su negra y lustrosa cabellera flota desordenada en derredor de su cuello.
Sus ojos brillan como dos ascuas.
Su voz colérica hiende el vacío, y la numerosa cohorte que le rodea cae consternada á sus piés.
La expresión de su rostro es terrible, amenazadora, fatal.
La ira del arcángel caido va á estallar.
¿Por qué?
Oid.
Esa voz que acaba de hacer temblar el universo es suya.
Satanás habla ; escuchad sus palabras:
¡Despierta humanidad! ¿No ves que tu reposo escita mi cólera? ¡Despierta y escucha la voz de tu señor, á quien debes ciega obediencia!
¿Por qué duermes? ¡Despierta y continúa tu marcha por el camino que te tracé al concluir nuestro pacto!
¡Porque tal es tu destino y la voluntad de tu señor!
¡De tu señor, que quiere que te hostilices, que te hieras, que te despedaces sin tregua el corazon.
¿Por qué duermes? ¿Has creido posible emanciparte de mi dominio? ¿Intentas deshacer nuestro pacto, concluido desde el primer día de tu aparición sobre la tierra?
¡Locura!
¡Tú eres débil, impotente, pequeña! ¡Yo, por el contrario, soy fuerte, poderoso, grande en mi desgracia, y mi orgullo puede consentir tu redención!
Porque el Autor de los mundos, que permitió tu caida y la mia, te espera con los brazos abiertos al par que á mi me rechaza…
¡Y yo quiero hacer una guerra eterna, implacable, al Autor de los mundos!
Por eso llegué a dominarte.
Por eso he conseguido que me adores como á tu Dios en tus odios, en tus amores ilícitos, en tus ambiciones, en tus celos, en tus venganzas.
Por eso he logrado esterilizar durante diez y ocho siglos el sacrificio consumado en el Gólgota.
¡Por eso no consentiré jamás que destrullas nuestro pacto!
Y el poder de ese Sér, á quien maquinalmente llamas tu Dios, sin adorarle ni reconocerle desde el fondo de tu alma, vendrá á estrellarse siempre contra el poder fatal y perseverante de mi rencor y de mi astucia.
¡Humanidad, vuelve a emprender tu marca!
¡Sólo así aplacarás la cólera de tu señor!
¡De tu señor, que es bastante grande para hacer la guerra á los cielos; que es bastante fuerte para sostener sin desventaja esta lucha; que es bastante poderoso para esclavizarte!
La voz de Satanás calla de pronto. Rasgándose las nubes, y otra voz, que parece emanada del cielo, pronuncia estas palabras:
Tu soberbia te engaña, Lucifer!
La humanidad fue redimida.
Y llegará a la cumbre de su perfección.
Muchos días han de transcurrir, pero llegará.
Y cuando llegue, su pacto contigo estará destruido.
Y su cominación sobre la tierra habrá cesado.
Porque está escrito.
Y conforme está escrito sucederá.
La voz de los cielos ha dejado de oirse.
Satanás lanza un rugido de impotente cólera, y se precipita en las profundidades de su reino, seguido del inmenso escuadron que le escolta.
El firmament se despeja.
El horizonte se colora por el lado de Oriente.
Vuelve a animarse la naturaleza.
Los pajarillos empiezan a abandonar sus nidos y a revolotear entre el ramaje.
Sus gorjeos hienden el espacio.
¡Acaba de amanecer!»
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Novela «Crimen, venganza y redención»
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Libros antiguos en Trastos viejos
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